Las palabras las creamos para definir nuestra experiencia.
Esas palabras nos producen sentimientos anexos que brincan a nuestro alrededor como perros atados a una correa.
Nos seducen tanto nuestros mantras individuales que nos convertimos en monumentos eregidos en su honor.
Por eso, pasar un tiempo sin hablar es intentar despojar a las palabras de su poder, dejar de atragantarnos con lo que decimos y liberarnos por fin de nuestros mantras asfixiantes.
EPL
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